miércoles, 17 de junio de 2015

La escogencia


Hay quien dice que soy sereno. No siempre lo fui, y mi serenidad es frágil; debo cuidar las circunstancias que la propician. La principal es la renuncia al mundo predominante.

Vivir en lo predominante es combatir contra otros que quieren lo mismo que yo. Es no poder ser más sino venciéndolos. Esos triunfos hieden a sangre y a horror.

Vivir lejos de eso no es renunciar del todo al mundo; hay otro mundo que deseo, muy distinto, muy singular, que quiero conformar, en el que quiero habitar. En él intento construir mis propias búsquedas, y ofrecer lo que en ellas logre con la naturalidad de un fruto. Esto conlleva que no compito con otros, sino conmigo; que no espero aclamaciones ni nombre, sino la fugaz y rara dicha de las ocasiones cuando siento que alcanzo la armonía.
            Es suficiente con conocer a unos pocos con quienes me creo en fraternidad y convergencia de búsqueda. Nos ayudamos, nos respetamos, y estamos abiertos a quien llegue con el mismo espíritu.  

La ducha


              Sentir el agua y el sol cayendo sobre la piel, en rayos, en  gotas, en chorros, sentir esa intensa frescura y esa promesa de calidez resbalando por el cuerpo, en una mañana de cielo azul. ¿Cuándo habré gozado por primera vez el placer de una ducha bajo el cielo? Mi infancia fue urbana; tuvo que ser en una de esas duchas descubiertas de las casas viejas, agregadas de urgencia junto con un retrete luego de la llegada del acueducto. Mi madre me dijo una vez que habíamos vivido en una finquita en las afueras de Florida, el pueblo donde nací. En cierta ocasión, se puso a llover, y pensó en mí. No sabía qué me había hecho,  y se sintió preocupada. Me encontró luego de pie sobre una gran piedra, vestido y calzado, bajo la lluvia. Me contó que me estremecía, con los ojos semicerrados, mientras las gotas resbalaban sobre mi cara, sobre mis brazos. 

  recuerdo  haberme bañado en una cascada muy pequeña, o quizá bajo el chorro de una canal de guadua, en medio de los matorrales, en una casa campesina de las montañas de la vereda de El Castillo. Aunque no creo que haya sido ésa la primera vez.

Durante las peripecias de inquilinato de mi familia, las duchas eran a veces al aire libre, en casas viejas; eran pequeños espacios terminados en cemento gris, a veces con manchas de musgo naciente, que encerraban hacia lo alto un rectángulo de cielo, siempre soleado en mi recuerdo. Otras veces estaban dentro de baños modernos, con paredes de azulejos y cielo raso blanco, y apenas una ventana. Hace poco tuve la experiencia de ser dueño de una casa de estilo tradicional. La ducha era bajo techo, pero pronto pude hacer instalar otra al aire libre.

Ahora vivo en una casa moderna, muy hermosa, y sin embargo, me hace falta poder bañarme bajo el sol. Ya sé: atrás, en el patio, pondré una ducha de manguera.

La raíz andaluza de América


      La periferia de un país puede crear, a partir de su historia, expresiones culturales que le son propias. Y a veces, de nuevo con la ayuda de la historia, logra generar con ellas una imagen que arraiga en el mundo, mucho más allá de sus fronteras.

      Entonces, el centro nacional puede sentirse tentado a proclamar con toda energía: Eso no es este país, somos mucho más que eso. Incluso puede decir: Eso no tiene el valor que le están dando afuera. E intentar desvirtuar las creaciones culturales de esa periferia, quitarles valor.

      Cierto que hay otras manifestaciones culturales, pero esto no justifica el intento central de desprestigiar las de esa periferia. Habría más bien que mirar qué razones hay para el logro periférico cuando captura la atención mundial.

      Andalucía lo ha hecho porque aprovechó la posibilidad histórica de sintetizar aspectos de la cultura musulmana con la bética, y aquí es mejor usar el nombre romano porque ni los vándalos ni los godos dejaron allí una impronta tan fuerte como en el centro y norte de España. De los vándalos quedó poco más que el nombre regional arabizado.

       Los resultados de esa síntesis fueron tan singulares que impactan por su originalidad. No hay nada parecido en el resto de la península. Y entonces, con el descubrimiento de América y su población con predominio de andaluces y extremeños se generó una nueva Andalucía – y así fue llamada por un tiempo una parte del continente. Es andaluz el acento con que se habla la lengua española en el Caribe, lo mismo que muchas características culturales de Hispanoamérica. De tal modo la cultura andaluza logró un alcance extra continental.  Por esto la imagen mundial de España, a pesar del resto de los españoles, es fuertemente coloreada por Andalucía; y la valoración de lo andaluz es mayor en América  que en España porque los americanos nos lo hemos apropiado, mientras que los españoles no andaluces tienden a despreciarlo. 

Hallazgo de un algoritmo literario


 
Hace unas noches descubrieron el algoritmo de la poesía, y desde entonces está difundiéndose con rapidez. No se sabe cómo ocurrió; hay quienes creen que fue a partir de un taller de fin de semana, y  han resuelto cerrarlos, pero de poco sirve ya: es una epidemia. No importa de quién sean, los poemas son excelentes y pasan todas las pruebas, incluso la del Erizamiento de Robert Graves. Los profesionales están desesperados: algunos creen todavía poder hacer algo, pero ¿qué? Los enamorados, en cambio, están felices; no paran de escribir. Los políticos, por temor al descenso de la tasa de natalidad, acudieron a los cínicos, pero no contaban con la proliferación de poemas de despecho.

 

lunes, 30 de marzo de 2015

Arder por un libro

 
Una nota sobre Margarita Porete y las Beguinas 


Hay quien, puesto por otros entre las alternativas de morir o seguir una conducta impuesta, escoge morir. ¿Qué es lo que sostiene esa elección?

Cierto episodio en la historia de las beguinas, una de las primeras asociaciones proto-monásticas de la iglesia católica, con su organización no jerárquica, y sus consecuentes conflictos con la jerarquía eclesiástica medieval, puede dar luz sobre esto. Una beguina de nombre Margarita Porete tuvo una experiencia mística y decidió escribirla, comunicarla a otros, para que pudieran aspirar a vivir lo vivido por ella. 
Tuvo el tiempo, los recursos y las habilidades necesarias para producir varias copias; en el siglo XIV temprano, eso significa ser alguien muy educado y con suficientes medios materiales. Vivía en un entorno bilingüe: se hablaba el latín y un naciente francés. Es presumible que manejara ambas lenguas. Sin embargo escogió, no el latín, que le hubiera dado acceso a la alta cultura europea, sino la lengua vulgar; incluso no el francés de la corte de Felipe el Hermoso, sino el dialecto del Hainaut, su provincia valona, en la frontera con Francia. Había decidido dirigirse no a intelectuales cortesanos y eclesiásticos, sino a quienes más cerca de su corazón tenía. 
¿Por qué no figuró su nombre con el libro? Al final de la Edad Media, aún las obras eran mucho más importantes que su autor, y no siempre era necesario saber quién las había escrito. Sin embargo no todo era anónimo por entonces: las obras del Maestro Eckert, contemporáneo suyo, nunca lo fueron. Quizá, durante las primeras relaciones con la Iglesia, le requirieron no dar a conocer el libro con su nombre, cosa que a ella no le importó, porque lo esencial era dar a otros la oportunidad de compartir la vivencia mística. O pudo considerar su libro como un manual, una guía para hacer algo, y pensara que no valía la pena aparecer en él. 
Después vino la lectura de la Inquisición. Los acuciosos frailes dominicos, siguiendo las prácticas de su Santo Oficio, hicieron una lectura frase por frase y, por supuesto, no alcanzaron a leer lo que ella quería decir; en cambio, encontraron lo que buscaban: algunas frases que consideraron contrarias a la ortodoxia. La apresaron, y le exigieron que se retractara de esos fragmentos. 
Para ella, eso sería desvirtuar el libro, quitarle fuerza a un mensaje que necesitaba ser transmitido con toda la potencia posible. La experiencia había sido tan intensa, y la pasión por que otros la vivieran tan fuerte, que eso le era mucho más importante que seguir viviendo. Era necesario mantener el texto, y por su obstinación en mantenerlo la quemaron viva en París, en la plaza de La Grève, el 1 de Junio de 1310. No quedó registrado el nombre del libro que la Inquisición juzgó herético y que causó la muerte de Margarita, y este misterio duró por siglos. 
Mientras tanto, El Espejo de las Almas Simples, una obra anónima, se estaba convirtiendo en lo que hoy llamaríamos un éxito editorial. Fue pronto traducida al latín, al inglés, al italiano, e incluso al francés de la Île de France, el francés de la corte real, en que nos ha llegado. Hoy se lo considera un clásico de la literatura mística de la edad media tardía. Pero siempre se había especulado sobre cuál de los místicos famosos de la época lo habría escrito.
Hasta que Romana Guarnieri, en 1946, reunió los dos relatos identificando a Margarita Porete como su autora, mediante el estudio de los documentos del proceso de condenación —en latín— y las referencias allí contenidas a su libro. Es un proceso de más de medio milenio, en el que alguien, una mujer, decide perder la vida y el nombre en aras de un mensaje, y tras seis siglos, otro alguien —otra mujer— logra recuperar su nombre. Tal historia hace de estos dos personajes, la mártir y la estudiosa que le devolvió su libro, adalides en la lucha actual por defender los derechos y los valores de quienes, o son mujeres, o han decidido ser algo distinto de simples hombres o mujeres.
Cali, Octubre 18 de 2013

jueves, 22 de mayo de 2014

La infraestructura ferroviaria y la construcción de trenes en el país de Edgar Morin


Un caso de estudio en Interdisciplinariedad


         En Francia, tanto la infraestructura ferroviaria como la operación de trenes fue llevada a cabo por una sola entidad estatal, la SNCF, hasta 1997, año en que una directiva de  la Unión Europea obligó a separar las dos actividades para admitir la competencia en la operación de trenes. Se creó así la RFF encargada de la infraestructura vial ferroviaria. La SNFC quedó con los trenes y  lo relacionado con ellos.
        La SNFC, respondiendo a demandas del público por trenes más cómodos, ordenó el diseño y la construcción de nuevos trenes. Ahora se encuentra que los trenes recién construidos no caben entre los andenes de las estaciones. El Estado francés entonces va a tener que correr con los gastos de ampliar el espacio entre plataformas de andén (en todo el país) para que el nuevo material rodante quepa entre ellas.
        Esto se había venido manejando sin que el público llegara a ser consciente de lo que ocurría, pero un periódico humorístico, Le Canard Enchainé, interpretó los hechos, puso de presente la paradoja y el asunto se volvió noticia.
        ¿Debemos consolarnos pensando que como en Colombia no hay (casi) trenes, esto no puede ocurrir aquí? Claro que no, ni  vale la pena reírse de los franceses ni de sus instituciones. Más bien hay que preguntarse si cosas como éstas no pasan también en el país de quien esto escribe o lee. Y no en todas partes hay humoristas que revelan los absurdos encubiertos piadosa e impunemente bajo la habitualidad. Eso sí, aquí ya sabemos que el humorismo es peligroso - para el humorista. 
  
Translation into English by the author, and revised by John Murphy:



A study case in interdisciplinarity

        In France, both the rail network and the train operation were the responsibility of a single state institution, the SNCF, until 1997, when a directive from the European Union forced the separation of the two activities so to allow for competition in train operation. The RFF, charged with the railroad network, was created, while the SNCF kept on being in charge of only trains  and everything else related to them.
             
        The SNFC, responding to demands from the public for more comfortable trains, ordered the design and the making of new trains. Now it is found that the recently built trains are too wide for the space between platforms. The French State, then, will have to
pay for the expenditures  of widening these spaces all over the country, so that the trains can get into them.        
        This had been handled without public knowledge, but a humoristic magazine, Le Canard Enchainé, interpreted the facts, revealed the impasse and the matter became public news.
        
 Should  we console ourselves thinking that this, since in Colombia trains are almost nonexistent, cannot happen here? Of course not, and there is no need to laugh at the French and their institutions. We should rather ask whether this type of thing may also happen in our country or the country of our readers. And not everywhere are there  humourists who unveil the absurdities covered piously and unpunished under cover of habit. The fact is, we already know that humour is dangerous – for the humourist.


Noticia de Yahoo el 22 de Mayo 2014:
Noticia en The Guardian (periódico británico):
En Wikipedia sobre la entidad que maneja la red ferrroviaria francesa:
Página de la entidad (en francés):
http://www.rff.fr/fr
En Wikipedia sobre la entidad que maneja la operación ferroviaria estatal:

martes, 24 de septiembre de 2013

Mutis: contacto y recuerdo

Le había conocido por escrito en 1965, en una reseña de Fernando Charry Lara en Eco, que citaba por entero ―y por fortuna―cierto poema. El impacto fue inmediato. Apenas hace poco entendí por qué me llegó tan hondo. Fue por unas vacaciones que pasé, de adolescente, a  orillas del río Desbaratado, al pie de la cordillera Central, en una casa de madera de la que hoy apenas quedan los cimientos. En la parte de atrás había un cafetal, y una vez que llovió toda la noche tocó ir, de mañana,  a reparar el largo acueducto de guadua que abastecía  la casa. Por eso ese nocturno, de paisaje y olor campesino, pudo ser mío tan pronto como lo leí.
                Quizá fue por los 90 cuando lo conocí en persona. Habían anunciado su aparición pública en  el Hotel Intercontinental de Cali, y allá fui. No habría más de treinta personas, si acaso. Yo, por ese tiempo, andaba seducido por la música del verso clásico ―alejandrinos, endecasílabos― y me admiraba cómo él podía lograr esos poemas tan soberbios con otra música. No recuerdo cuál fue la pregunta que le hice, pero tenía la intención de que me revelara el secreto de su verso libre.
Tampoco tengo muy presente su respuesta.  Sé que me frustró, pues no hizo sino hablar de la respiración: es el ritmo de los pulmones―creo que dijo― lo que da la clave.  ¡Qué sencillo! No era sino hacer conciencia, pues, de la respiración al ir escribiendo, y lograría versos libres tan admirables como los suyos.
Persuadido de un engaño flagrante, le pregunté de nuevo, como a un criminal a quien el juez intenta coger en falta.  Me miró, impaciente y compasivo.
―Como ya te lo dije, se trata de seguir, con el verso, el ritmo de la respiración.
Ahora comprendo: creaba desde lo  profundo desconocido. Quizá él mismo se habría preguntado el origen de sus poemas y su técnica, y en un rapto de superstición, no quiso ir más allá de una verdad tan frágil. Pero eso me da para imaginarlo ahora, vivo en la soledad de su escritura, rompiendo el silencio con la palabra sonora, hasta donde le alcanza el aliento.


Cali, 24 de septiembre de 2013